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Santi Morgado

Me llamo Santi Morgado y soy una superviviente del cáncer.
Me han pedido que os cuente, mi testimonio.
Hace dos años, en 2012, me operaron de una mastectomía radical en el pecho izquierdo. Recibí 8 sesiones de quimio y 22 sesiones de radioterapia. Actualmente estoy tomando tamoxifeno y esperando la reconstrucción de mi pecho.
Todo comenzó en una revisión anual de ginecología. En una ecografía se observaba una lesión sólida con bordes irregulares y me recomendaron hacerme una biopsia. A pesar de que mi ginecóloga no le dio mayor importancia, decidí hacerme la prueba.
Cuando fuimos a recoger los resultados y leímos el diagnóstico “carcinoma infiltrante”, nos alarmamos. No teníamos ni idea de lo que significaba pero intuíamos que era algo grave. No pude localizar a mi ginecóloga pues estaba fuera en una conferencia.
Recuerdo que me sentí bloqueada, sin saber a quién acudir. Necesitaba que alguien me explicara lo que significaba el diagnóstico. Siempre se escuchan cosas, la gente habla pero realmente no sabes de qué va la enfermedad.
En la primera persona que pensé fue en una compañera que ya había pasado por un cáncer. Cuando leyó mi informe no me explicó nada pero su cara lo decía todo; no debía esperar.
En ningún momento oculté nada, al revés, lo contaba a mi alrededor, como buscando ayuda. Mis compañeras estaban tan preocupadas como yo.
Tuve la suerte de que una de ellas me consiguiera cita con otra ginecóloga-cirujana, muy profesional, y, a los dos días estaba en su consulta.
Confirmó el diagnostico. Sí, era un cáncer y había que operar.
Desde un primer momento, procuró tranquilizarme diciéndome que esto se curaba. Por mi parte, intuía que el tratamiento sería duro pero estaba convencida de que el resultado sería satisfactorio.
Empezamos con muchísimas pruebas, incluso otra biopsia para confirmar si se hacía una mastectomía o no.
Y sí, era necesaria la mastectomía.
Creo que hasta este momento, había afrontado con más o menos entereza la noticia de que tenía un cáncer; Estaba siendo optimista, convencida de que iba a salir de ésta, a vencer la enfermedad.
Pero ese día, al salir de la consulta de mi ginecóloga con la fecha de la operación, me vine abajo. Al montarme en el coche me acordé de mi madre, fallecida cuando yo tenía 16 años de lo mismo y del mismo pecho. ¡Guau!, la duda y el miedo me invadieron.
Y entonces le pregunté a mi ex marido (Juan) que me había acompañado durante todo el proceso “¿Me voy a morir? No quiero morirme”.
Me acordé de mis tres hijos. No me preocupaba que ellos se quedaran sin mí porque siempre tendrían a su padre. Lo que no quería ni quiero, era perderme sus vidas.
Me operaron y, afortunadamente, todo salió bien.
Lo que sí fue duro fue la quimio. Realmente es cuando empiezas a sufrir los efectos del tratamiento.
Volví al trabajo poco después de la operación. No sé ni cómo pude seguir trabajando. Recuerdo que mi conserje, cuya mujer había superado un cáncer hacía unos años, me dijo: “Santi, de esto se sale, pero recuerda, el 70% es tu actitud así que ánimo y siempre con las esperanzas bien puestas y con buen humor.
Para mí, estas palabras fueron claves: decidí que mi actitud positiva me ayudaría a superar el cáncer, a vencerlo y a vivir de la mejor manera posible. Con mayor calidad de vida para mí y mi familia.
A partir de ahí empecé a buscar e investigar todo aquello que me podría aportar bienestar y felicidad. Cambié mi forma de vida, opté por una alimentación más sana, me refugié en el reiki y la meditación y empecé a valorar todo el amor que tenía a mi alrededor.
Y todas las prisas y los nervios, el stress del día a día se paró. Cambiaron mis prioridades; ahora, la prioridad era curarme.
En mi casa se habla con naturalidad del cáncer. Es como cualquier otra enfermedad, dura, pero que tiene cura.
Sin ir más lejos, el otro día, mi hijo vino diciendo: ¡Mamá, mamá, la mami de “fulanito” –por no decir su nombre.., se ha curado!
Le pregunté: ¿de qué?
Me contestó: de cáncer, mamá, igual que tú.
Desde los 6 años ha vivido todo el proceso: pelo, calvicie, cama, vómitos, un pecho menos pero lo asume todo con mucha naturalidad.
Mis alumnos también saben que su maestra estuvo enferma pero que ya está bien.
Soy maestra de infantil: mis alumnos han podido ver mis cambios físicos durante el tratamiento y han comprobado que su maestra ya está bien, curada, con otro pelo pero que sigo siendo la misma.
Como anécdota, recuerdo que un día me encontré con una alumna que cuando me vio me dijo: “Tú no eres Santi, eres su hermana”. Sin duda, los efectos de la quimio son devastadores para nosotros.
Pero debo decir que nunca me vi fea: tenía mis días pero, una vez superada la primera semana tras la quimio, siempre me arreglaba, incluso mucho más que antes. Me pintaba, me ponía tacones, gorros de todos los colores y pañuelos para la cabeza de todo tipo.
Procurando en todo momento ser lo más feliz posible y aprovechar todo el tiempo con mis hijos.
Dentro de lo duro que fue y ya con cierta perspectiva, puedo afirmar que padecer un cáncer también ha sido una experiencia positiva.
Lo que quiero trasmitir con mi testimonio es que esto se supera. Te cambia la vida pero tras el cáncer se disfruta más de ella. Valoras más todo lo que te rodea. Te das cuenta de toda la buena gente que hay en el mundo.
He recibido mucho amor y estoy muy agradecida por ello: mi familia, mis hijos, mi ex marido, mi tía han estado, en todo momento, pendientes de mí; también mis compañeros, mis amigos, las madres de mis alumnos, los enfermeros, los médicos.
Todos ellos recibieron la mala noticia cuando yo la recibí y me han acompañado en esta batalla. Sin su calor, su apoyo y sus abrazos, nada habría sido igual.
También encontré a la Asociación “Un Sí Por La Vida – Unidos Contra El Cáncer” y a muchas mujeres valientes que luchan por salir adelante. Te comprenden enseguida, te aconsejan, te animan. Soy socia y me siento plenamente identificada con sus valores.
Hay momentos en tu enfermedad que aunque estés rodeada de personas te sientes solo por lo que es muy importante la relación con otros pacientes que están en tu misma situación. Al principio huí de contactar con otras personas por miedo a conocer casos que han evolucionado peor que el mío.
Pero la labor de la Asociación es fundamental, no solo porque te da la opción de conocer a gente que está pasando o ha pasado lo mismo que tú sino porque también es necesario construir un frente común en representación de todos los enfermos de cáncer ante la sociedad y las administraciones públicas.
Siento gratitud hacia todas aquellas personas, organismos y entidades que han hecho y hacen posible que esta asociación sea una realidad. Gracias por vuestro aliento y ayuda con nuestros proyectos.
Antes de concluir, me gustaría trasladar toda mi energía a quienes se encuentran o se han encontrado en esta situación. Ojalá pronto, no haya ningún diagnóstico más y desaparezca la palabra quimioterapia y todas aquellas relacionadas con el cáncer en general.
Para finalizar, permitidme que os lea un cuento que me mandó uno de mis alumnos cuando estaba enferma y que me emocionó mucho.
Dice así:
“Había una vez una seño muy guapa que se llamaba Santi.
Era muy alta y tenía mucho pelo, como para tres cabezas, un pelo precioso.
Cuando yo tuve que ir al cole por primera vez, tuve la suerte de que ella fuese la seño de mi clase de 3 años. Nos fuimos conociendo todos; mis 24 amigos, ella y yo.
Fue muy chuli, aprendimos a escribir nuestro nombre, los colores, los números y mucho más; ella era paciente y cariñosa.
El segundo año llegó; yo ya tenía 4 años, muy “mayor”; pero pasó algo, no sé muy bien qué… mi seño se puso malita… y yo… me puse muy triste; hasta lloré muchas veces porque la echaba de menos. Cada vez que me vestía de algo le mandaba una foto, un mensaje o un dibujo; no quería que se sintiera mal. Durante ese tiempo a veces la veía y su cuerpo había cambiado un poco, su carita y su pelo también… pero sus ojos… sus ojos eran los suyos, preciosos, profundos, vivos! Y su voz, qué alegría oír su voz!
Sin tampoco saber muy bien cómo… mi seño que parece la mujer más fuerte y valiente del mundo…¡se curó! Y volvió a casa y volvió al cole, conmigo!
Y así fue como llegué a 5 años. ¡No veas qué pasada! Este año, con mi seño a tope he aprendido mogollón; ya sé leer, escribo muy bien, hasta hago dictados, coloreo muy bien y lo he conseguido. ¡Cogido de tu mano me he graduado!
El año que viene voy a 1º con mis 24 compañeros. Así que colorín colorado, ese cuento se ha acabado”.
Es una carta muy bonita, ¿verdad? Me alegro de compartirla con vosotros.
Gracias por pararos a leer mi testimonio, un beso fuerte para todos.

 

 

SOBRE “UN SÍ POR LA VIDA”

Un Sí Por La Vida- Unidos Contra El Cáncer es una asociación cuyo objetivo fundamental es ayudar a los enfermos de cáncer y sus familiares. Desde su fundación en junio de 2014, son muchas las actividades que llevan a cabo de manera cotidiana, desde apoyo psicológico, reiki, manualidades, desfiles de moda, torneos de golf, risoterapia, mindfullnes, conferencias y cenas benéficas, hasta programas de salud, como “Por Un Millón de Pasos”, que fomenta la actividad física; “Yo también dejé de fumar”, para ayudar a dejar el tabaco; o el programa de prevención del cáncer impartido en los colegios de la Comarca del Guadalhorce, entre otras.

 

 

Dónde estamos

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