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Testimonio Cáncer Ginecológico

“TENGO CÁNCER Y SIGO BRILLANDO”

Querido cáncer:

Hace mucho tiempo que he querido decirte unas cuantas cosas, pero no encontraba el momento adecuado para hacerlo, ni sabía exactamente como expresarme de ti y de lo que me has hecho sentir durante todo este tiempo…

No sé si serán las palabras correctas, pero te lo escribo con la mano en el corazón y, sobre todo, con mucha fe.

Sé de ti porque has salido en todos los medios de comunicación, sales en los libros y revistas, toda la gente te conoce… y te teme. Desde pequeña me quedé con esa idea de ti, de que tú -el cáncer- eras otra manera de llamar a la muerte. Incluso te vi como protagonista de varias películas, y debes saber que me hiciste llorar mucho, pues ninguno de los actores lo pasaban bien a tu lado.

Después supe de ti de una manera que nunca esperé y tengo que decir que las películas se quedaban cortas para describir todo lo que eres y representas.

Llegaste a mí un 19 de Julio de 2017, los médicos dicen que llegaste antes, pero ese día fue en el que nos dimos cuenta de lo que estabas haciendo en mi cuerpo y de lo que pronto vendrías a hacer en mi vida…

Nunca voy a olvidar los primeros síntomas que indicaban que tú estabas invadiendo mi cuerpo, queriéndote apoderar de mí, de mis ovarios, de mi útero… quitándome el no volver a poder ser madre (y yo sin saberlo aún). En ese momento me quitaste mi salud, mi vida, las cosas que mas me importaban, mis sueños, mis planes y mis metas.

Nunca voy a olvidar ese día que me dijeron los médicos que había un quiste en el ovario izquierdo, que había que operar y probablemente perdería el ovario y la trompa de Falopio. Miré a Alejandro, mi pareja, y se me vino el mundo encima.

No quería pensarlo, pero todo indicaba muy probablemente que tú habías entrado en mi vida sin ni siquiera tocar la puerta. Entraste como un verdadero intruso, pero te creíste más listo que yo.

Después, vino la gran batalla, dos operaciones a cada cuál más dura. 

Mi primera operación fue un 11 de Octubre de 2017. Tenía un miedo inmenso que invadía mi cuerpo. Mi pequeña Adriana, mi hija, con solo 7 años no paraba de decirme días antes de la operación que todo iba a estar bien, ella, como nos decían los expertos, había tomado el papel de cuidadora y solo quería protegerme y que nada me pasara. Es una niña muy madura para su edad y su madurez fue muy importante en mi enfermedad.

Ese 11 de Octubre, a pesar de mis miedos, estaba arropada de todos los que me querían, mi pareja, mis padres, mi suegra, nuestras familias por las dos partes y como no podían faltar, mis amigas, a esas amigas a las que les lloras para no preocupar a tu círculo familiar más de la cuenta, y les dices que cómo te puede estar pasando esto a ti y que cuando colgáis el teléfono, esa amiga se tira horas y horas llorando igual que tú, pensando si te vas a salvar o no, como lo piensas tú…

Termina la operación y según los médicos es un éxito. Me extirpan un tumor de casi 3 kg en el ovario izquierdo y la trompa izquierda. No había dado complicaciones y yo despierto con la esperanza de que voy a volver a poder ser madre cuando me recupere, que era mi mayor deseo en ese momento, ya que mis primeros síntomas aparecen cuando yo dejo las pastillas anticonceptivas para poder quedarme embarazada.

Tras una semana en el hospital vuelvo a casa para terminar de recuperarme de la operación.

A los tres días de estar en casa me llaman del hospital, tengo que ir al día siguiente porque ya estaban los resultados.

Los médicos confirman que tu nombre es Cáncer de ovario en estadio II, y que tú habías entrado en mi vida y que por un tiempo tú y yo tendríamos que compartir ciertas cosas, entre ellas las más importantes y preciadas para mí…

Muchos me lo pintaban como una lucha contra ti, pero yo siempre me he considerado una persona débil y asustadiza ¿cómo iba a luchar contra ti?

Me asustaste mucho y no solo a mí, también lograste asustar a toda mi familia, a mis amigos, a mis conocidos y te repito, yo conocía lo peor de ti… creí que eras sinónimo de muerte y muchas veces me volviste loca porque pensé que eso pasaría.

Pero hoy, tres años después de convivir contigo, sé que no es así. Debes saber que no eres mi enemigo, tampoco te guardo rencor, te perdono por todo el daño que me has causado y te agradezco todo lo que me has enseñado.

Me enseñaste que yo no era débil, porque sin querer luchar y sin darme cuenta, estaba luchando… no contra ti, sino por mi vida.

Pero sí me hiciste mucho daño, me alejaste de muchas cosas, te apoderaste de mis sueños, me provocaste tanto miedo que muchas veces no podía ni dormir por pensar que tu vivías en mi cuerpo, y no te quería, simplemente aprendí a convivir contigo, tú me pusiste a prueba, y te demostré de todo lo que soy capaz por lo que más amo, mi familia.

Te contaré varias cosas, que seguramente sabes, pero que yo nunca te he expresado: en mi segunda operación lo pasé tan mal, que yo creí que ya habías ganado y que yo ya me iba a morir, te veía frente a frente cada minuto que pasaba y yo estaba en esa cama sin poder hacer nada.

Luego vinieron las interminables quimioterapias, y terminando en una que casi me cobra la vida, y todo por querer que te alejaras de mí para siempre.

Hubo días que no sabía si ese era el camino correcto, pero no había otro. Mientras yo sufría con las dolorosas quimioterapias, mi familia y la de mi marido sufrían mucho de verme así y lo que nunca te perdonaré es el sufrimiento de mi hija.

Pero quizás tú no sabes lo mal que lo pasó mi hija, cuantas veces lloró pensando que su madre se iba a morir. Sin embargo, eso me llenó de valor para decir muchas veces que “TÚ A MÍ NO ME IBAS A GANAR ESTA BATALLA”, y a día de hoy te doy las gracias por enseñarme a valorar las cosas, por la lección de vida que me diste y por ver que para los momentos buenos está cualquiera, pero para los malos es cuando ves a quien está de verdad.

Me quitaste el no poder volver a ser madre, pero tengo una hija preciosa que vale oro.

Esta es mi historia, mi nombre es Belén, tengo 32 años y cuando todo ocurrió solo tenía 28 años. Fue todo muy duro para mí pero saqué fuerzas de donde no había porque tenía que luchar para poder vivir.

Antes de acabar me gustaría dar las gracias a toda mi familia y a la de mi marido por estar a mi lado en todo momento. A mis amigas por escucharme cuando veía que la vida se me iba. A todas nuestras amistades que estuvieron a nuestro lado y no nos dejaron solos. Y no puedo dejar atrás al equipo de oncología y enfermería del Clínico de quimioterapia, son unas personas maravillosas, en especial el equipo del Dr. Oliva, que fue el que me operó mi segunda vez. La oncóloga Isabel García Ríos, que para mí es más que familia, gracias por no soltarme nunca de la mano, y mi oncóloga Mª José Bermejo, eres muy grande y especial para mí.

Y, sobre todo, gracias a la Asociación Un Sí Por La Vida – Unidos Contra El Cáncer, por la gran labor que hacéis, ayudar a tantas personas en esta enfermedad haciendo que todo sea más ameno y más llevadero.

No te guardo rencor cáncer, si no hubiera sido por ti no habría conocido a personas tan maravillosas como estas, pero te diré una cosa, te quiero lejos de mí para SIEMPRE.

 

SOBRE “UN SÍ POR LA VIDA”

Un Sí Por La Vida- Unidos Contra El Cáncer es una asociación cuyo objetivo fundamental es ayudar a los enfermos de cáncer y sus familiares. Desde su fundación en junio de 2014, son muchas las actividades que llevan a cabo de manera cotidiana, desde apoyo psicológico, reiki, manualidades, desfiles de moda, torneos de golf, risoterapia, mindfullnes, conferencias y cenas benéficas, hasta programas de salud, como “Por Un Millón de Pasos”, que fomenta la actividad física; “Yo también dejé de fumar”, para ayudar a dejar el tabaco; o el programa de prevención del cáncer impartido en los colegios de la Comarca del Guadalhorce, entre otras.

 

 

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