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Juan Carlos Otero

Me llamo Juan Carlos Otero y tengo 46 años.
Fue por casualidad que me diagnosticaron el cáncer de piel.
Hace dos años, tuve un accidente de coche con mi hija Lucía. Un conductor nos dio un golpe muy fuerte por detrás y, a raíz de allí, empecé a tener muchos dolores de espalda.
Cuando fui a ver a mi médico de cabecera para que me recetara analgésicos, le comenté que tenía un lunar en el pecho y muchos más lunares en el cuerpo que no me picaban ni dolían. Quería conocer su opinión al respecto. El médico no le dio importancia pero, por precaución, me recomendó ir al dermatólogo. Me dieron cita con el especialista el 5 de septiembre. Recuerdo que fui al hospital con el coche lleno de niñas que tenía que llevar a Torremolinos, a casa de unas amiguitas. Como no pensaba tardar mucho tiempo, les dije que me esperaran en el vehículo mientras subía a la consulta.
Tras examinarme, el dermatólogo decidió que había que quitar el lunar inmediatamente para analizarlo. Intenté disuadirle explicándole que tenía a las niñas en el coche pero me dijo que no podíamos perder más tiempo por lo que accedí a su petición. Me dijeron que los resultados estarían disponibles en quince días. Volví al coche con catorce puntos de sutura, bastante aturdido y preocupado.
Dos semanas más tarde, mi mujer y yo volvimos al hospital y la noticia que nos dieron fue aterradora: cáncer de piel en cuarto grado, muy agresivo, con ramificaciones en las axilas. A eso se sumaban factores de riesgo por la edad y la genética pues mi padre había fallecido de un cáncer en los ganglios. Era necesario operar de nuevo.
Pero la peor noticia que nos dieron fue que la esperanza de vida era de un 20%. Un auténtico mazazo que no podíamos creer ni digerir. Lo primero que pensé fue en mis hijas, dos niñas de doce y trece años y en su vida y porvenir rotos.
Parecía que se cerraban de golpe todas las puertas y ventanas en nuestras vidas. Estuve tres días desconectado de todo y del mundo hasta que me hice a la idea. Pensé que la vida no acababa y que había que luchar por mi mujer y mis hijas, hasta el final.
El 15 de octubre, volvieron a operarme las dos axilas, quitándome el ganglio centinela y tres más. Otra vez el pecho abierto, treinta y cinco puntos de sutura, analizar de nuevo, y esperar.
Cuando volvimos a los 15 días, el médico que me operó, el Dr. Acosta nos dio una mala noticia que nos sumió de nuevo en el agujero negro. La operación había salido muy bien pero había metástasis en la axila derecha y había que operar nuevamente. No podíamos creer lo que oíamos. Ya llevaba tres operaciones y parecía que esto no tenía fin ni solución. El hecho es que el 13 de diciembre, me volvieron a intervenir de la axila derecha, extrayéndome todos los ganglios y haciéndome un vaciado completo de la axila. Debía empezar con el tratamiento.
El 14 de enero tuve mi sesión de quimio y allí empezó el calvario. El tratamiento no era muy común por el tipo de cáncer y era, ante todo, de prevención. Cuando le pregunté al Dr. Alonso si él se lo pondría, me dijo que sí.
Era muy penoso y agresivo y con muchos efectos secundarios. Además afectaba al hígado. Sufría de dolor muscular, tenía mal cuerpo y sentía las articulaciones como agarrotadas. Pero era necesario para curarme.
Tenía que ir al hospital de día del servicio oncológico de lunes a viernes. Empezaba las sesiones a las 10 de la mañana y duraban 2 o 3 horas. Salía en posición fetal y con el cuerpo como si me hubieran dado una paliza, con ganas de llegar a casa y acostarme hasta el día siguiente.
En mi casa no se oía ni a una mosca y mi mujer e hijas procuraban hacer el menor ruido posible para no molestarme. Aguanté así un mes pero tuvieron que suspenderlo durante dos semanas porque los efectos secundarios eran demasiado adversos.
A las dos semanas, volvimos a empezar de nuevo y aguanté un mes más. Viendo mi penoso estado físico, el oncólogo decidió suspenderlo de nuevo y mandarme el mismo tratamiento pero en dosis más pequeñas, pinchadas en casa tres veces por semana.
Me enseñaron a pincharme en el centro de salud y me puse yo mismo las inyecciones durante un mes y medio más. Pero seguían los mismos síntomas y me sentía cada vez peor. El tratamiento me tenía totalmente anulado, por lo que el Dr. Alonso lo suspendió definitivamente.
Han pasado los meses, sigo con mis revisiones y me siento cada vez mejor. Tengo mayor calidad de vida aunque el tratamiento me ha dejado bastantes secuelas. Me tuvieron que operar de la vesícula, tengo úlceras de estómago y hernias de hiato. Pero, para mí, éstos no son problemas importantes.
Me siento afortunado de poder contarlo en pasado y de seguir vivo. He dejado en el camino a amigos y amigas que no tuvieron la misma suerte; entre ellos Rosalía, Mari Pepa, Manolo y tantos otros.
Quisiera aprovechar este espacio para dar las gracias, muy especialmente a mi mujer porque ha sido un pilar fundamental para mí durante la enfermedad. Sin su apoyo, su presencia, y su cuidado, no hubiera podido superar este trance.
También quisiera agradecerles a mis hijas su comprensión y su cariño durante todo el proceso. Me siento orgulloso de ellas porque, siendo tan pequeñas, han sabido soportar, sin quejarse, la situación tan dramática que se vivió en casa.
No quiero olvidar a mis amigos y a mi familia, porque todos ellos han puesto su granito de arena para que supere la enfermedad.
Esta experiencia me ha enseñado a vivir en presente. El pasado se fue y el futuro no existe. Todo puede cambiar en cualquier momento.

 

 

SOBRE “UN SÍ POR LA VIDA”

Un Sí Por La Vida- Unidos Contra El Cáncer es una asociación cuyo objetivo fundamental es ayudar a los enfermos de cáncer y sus familiares. Desde su fundación en junio de 2014, son muchas las actividades que llevan a cabo de manera cotidiana, desde apoyo psicológico, reiki, manualidades, desfiles de moda, torneos de golf, risoterapia, mindfullnes, conferencias y cenas benéficas, hasta programas de salud, como “Por Un Millón de Pasos”, que fomenta la actividad física; “Yo también dejé de fumar”, para ayudar a dejar el tabaco; o el programa de prevención del cáncer impartido en los colegios de la Comarca del Guadalhorce, entre otras.

 

 

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